SEMBLANZA HISTÓRICA
Hasta hace pocos años, la mayoría de los españoles conocía la provincia de Jaén como sitio de paso, al tenerla que atravesar en sus desplazamientos hacia los destinos de la costa. Pocos, muy pocos, se detenían a contemplar unas ciudades llenas de historia y de bellas obras que se habían ido edificando desde la época romana con la llegada de las tropas de Marco Flavio, hasta Andrés de Vandelvira en el Renacimiento.
La ciudad de Jaén ha recibido varias denominaciones con el paso del tiempo. Desde el ibérico Oringis, pasando por el latino Auringis o Aurgis y el posterior Flavia (nombre con el que la bautizaron los romanos al elevarla a la categoría de municipio), el árabe Giyen, Geen o Yayyán, hasta el actual Jaén.
Se han encontrado restos de asentamientos de pobladores de la cultura del Algar, íberos, cartagineses y romanos tanto en las cercanías de la capital como en toda la provincia. Esta abundancia de restos sin duda se debe tanto a la situación geográfica de la provincia, como a la riqueza de minerales que poseía en la época en la que cartagineses y romanos luchaban por el control de la Península Ibérica.
Desde que Amílcar Barca reconquistara el Imperio Cartaginés, sus sucesores, Asdrúbal y Aníbal hicieron su base de estancia en tierras de Jaén (Cástulo, Vilches y Centenillo), para sacar dinero de las minas de plata más ricas de la época.
Después que Aníbal se casó con Himilce, hija de un jefe local, convirtió a Auringis en una fortaleza, aprovechando su estratégica situación.
Livio nos da una referencia, muy interesante, de la conquista de Jaén por los romanos a los cartagineses: "Pocos días después de la batalla de Baécula, habiendo ya salido Publio Cornelio Escipión del desfiladero de Cástulo y emprendido el camino de regreso a Tarraco, para no abandonar por entero a sus enemigos, envió a su hermano Lucio Escipión a sitiar la más opulenta ciudad de este país, llamada por los bárbaros Orangis."
Según los "anales" de Livio, "Orangis era una plaza muy importante, la más opulenta ciudad, situada en los límites del país de los Maesesses (Tibu que ocupaba el territorio desde Gibraltar hasta Cartagena). Los campos de Orangis eran fértiles y los indígenas extraían plata de Vilches, Linares y el Centenillo. Orangis era la ciudadela de Asdrúbal y la usaba para su refugio. La ciudadela se encontraba situada próxima al ARX (fortaleza situada donde hoy se encuentra el castillo de Santa Catalina)". El año 207 a. de J.C. es la fecha de la toma de Orangis por los ejércitos de Roma.
Cuando Roma impuso su "Pax Romana", tuvo lugar un fuerte impacto entre las formas de pensar de los conquistadores y de los habitantes del territorio que tenían un sistema legislativo, que según las fuentes más antiguas, gozaba de 6.000 años de antigüedad. Los cartagineses y después los romanos, encontraron unos pueblos con un grado cultural muy avanzado. En este proceso de romanización, Jaén tuvo que adaptarse al igual que el resto de las ciudades que conquistó Roma.
Auringis, junto con otras ciudades íberas de la provincia, como Baesucci (Vilches), Biatia (Baeza), Tugia (Toya), Ilugo (Santisteban) y Mantesa (La Guardia), tardarían casi cien años en integrarse al mundo romano. Parece ser que después de la batalla del 207 a. de J.C. la ciudad quedó maltrecha y se originó un empobrecimiento vital, en relación con otras poblaciones vecinas. En esa época la ciudad de Auringis era ciudad "peregrina" y no romana, con el inconveniente de no tener el "Ius Latii" (Derecho itálico). En el año 74 a. de J.C., Vespasiano dictó una disposición por la que se concedió el "Ius Latii" a Jaén (y a las ciudades que no lo tenían), rebautizando la ciudad con el nombre de Flavia. Ya en esa época, Jaén era una gran productora de aceite de oliva, del que los romanos eran grandes consumidores. En las obras del actual ensancho norte de Jaén, se han localizado los restos de una gran almazara de la época romana, que según suponen los arqueólogos que los han estudiado, debería ser de titularidad estatal dada la enorme extensión de sus instalaciones.
Las actividades de la ciudad continuaron centradas en la agricultura y ganadería, durante la época visigoda, hasta la invasión de los árabes en el 711. Estos procedieron a erigir las fortificaciones, rodeando la ciudad de una muralla de tapial. Según narran los historiadores de la época, el principal fortificador fue Valí Abu Djafar-el-Osk. Comenzaron a denominarla Geen, que quiere decir camino de caravanas, ya que por su situación geográfica era un importante cruce de caminos. Del siglo XIII es la descripción hecha por Al Edrisi: "El Castillo de Geen es Alcazaba de las más inaccesibles y fortificadas, llegándose hasta ella por un camino semejante al de las hormigas".
En el lugar donde, en época romana, se encontraba un templo dedicado a Diana, se construyó una iglesia cristiana y después sobre sus restos la mezquita menor de la ciudad. En la actualidad ese lugar está ocupado por iglesia de la Magdalena, al lado de la cual todavía se conserva el Patio de las Abluciones de la anterior Mezquita Menor.
De la época musulmana se conservan los restos de los los baños árabes, que al parecer son los baños públicos de época árabe de mayor extensión de España. En la obra "Nobleza de Andalucía" de Gonzalo Argote de Molina se dice: "En el año 1.002, siendo rey de Córdoba Alhatan, fue combatido por un moro de nombre Alí, el cual le derrotó; y éste, entonces victorioso, fuese a Geen con todos los suyos, donde le recibieron por señor; y estando reinando quieta y pacíficamente y recreándose en sus baños que había, fue muerto por tres vasallos de Alhatan..."
Mohamed Abu Yusuf El Ansary, conocido vulgarmente como el Rey Alhamar, tomó por asalto la ciudad en el año 1.232. Este gallardo guerrero, monarca de la dinastía nazarí y natural de Arjona, era el señor de Geen (y su walí el famoso moro Muza) cuando el rey Fernado III el Santo sentó sus reales en los alrededores de la ciudad junto con los ejércitos cristianos, poniendo sitio en el año 1.245. Desde Granada, envió el rey Alhamar un ejército numeroso y bien armado, contra las huestes cristianas y resultó estrepitosamente derrotado por el ejército del rey santo.
Después de la toma de la ciudad por el rey Fernando III, el 1 de marzo de 1.246, la ciudad quedó en la frontera con el reino nazarí de Granada, por lo que tuvo que soportar innumerables incursiones de las huestes musulmanas. Durante el reinado de Enrique IV el impotente, en el año 1466, se le concedió a la ciudad de Jaén la leyenda que orla el escudo de la ciudad: MUY NOBLE FAMOSA y MUY LEAL CIUDAD DE JAÉN, GUARDA Y DEFENDIMIENTO DE LOS REINOS DE CASTILLA.
Es conocido el encuentro sangriento habido entre Pedro I de Castilla y su hermano bastardo, Enrique de Trastamara, durante el que fue destruida la Alcazaba Alta, conocida vulgarmente como "Castillo Viejo o Abrehuy".
La exención de tributos de la que gozó la ciudad desde el rey Enrique II, atrajo a muchos pobladores. Los campos producían abundantes frutos, lo que trajo como consecuencia la industria y la aplicación de las artes. Se sabe que en los siglos XIV y XV había fábricas de paño de todas clases, además de otras telas como bayetas, sargas, frisas y cordellates.
Hay constancia documental que en el año 1431 don Miguel Lucas de Iranzo, primer condestable de la ciudad, adquirió en el barrio de la Magdalena tenerías de suelas y cordobanes. La inversión en fábricas semejantes era muy rentable en la época. Este ejemplo lo siguieron otras muchas familias de la ciudad, de manera que, a finales del XVI y principios del XVII había gran número de ellas y sus géneros ingresaban en la ciudad cien mil ducados cada año. También había fábricas de guadamecíes y badanas labradas, tan buenas como las de Córdoba.
Durante un breve periodo de tiempo (del 1454 al 1473), la ciudad gozó del privilegio de contar con una "Casa de Moneda". Este privilegio le fue otorgado a la ciudad gracias a las influencias que tenía el "Condestable Iranzo" con Enrique IV. Cesó en el 1473 a la muerte del condestable.
Según el deán Mazas, un hecho que pudo ser el comienzo de la mutilación de la industria en Jaén es: "...el mencionado privilegio de Almocracia no pudo dejar de ser perjudicial para el progreso de la industria porque estanca los géneros de uso común, tales como el jabón y los tintes. Gravan las tiendas y las fábricas de los oficios más necesarios, hasta el barro o alfarería, siendo una carga insoportable para los vecinos y poco decorosa para una ciudad tan respetable, que a pesar de los deterioros y atrasos que experimenta, es todavía de las principales de España, con voto y asiento distinguido en las Cortes".
Después de conseguir la paz en la monarquía, a finales del siglo XV y comienzos del XVI, Jaén debió ser una de las principales ciudades del sur de España. En esta época debió tener unos 9.000 habitantes, cantidad ciertamente importante para aquellos tiempos. A lo largo del siglo XVI fue disminuyendo su importancia y su población se redujo notablemente.
Parece ser que la decadencia de los años 1650 en adelante (XVII y XVIII) se debió fundamentalmente a la falta de agua y por ende a que escaseasen considerablemente los pastos, además de otras causas. Sin embargo según la descripción que hace de la ciudad Bernardo Espinalt, en una obra publicada en 1775: la ciudad aparece «situada a la falda de amena y deliciosa montaña elevada que mucha parte de ella es de jaspe de color perla, sobre la cual está el fuerte Alcázar; tiene al Mediodía unas fragosas e intrincadas sierras. Está cercada de murallas y a trechos de vistosos torreones que le sirven de adorno y defensa. Tiene para su comunicación y entrada seis Puertas grandes; su clima es sano, las aguas delicadas, su Campiña es fértil en trigo, cebada y centeno, avena, aceyte, legumbres y frutas de todas clases y especies, está plantada de viñas, olivos, moreras, nogales, almendros, y árboles frutales, y sus montes de robles, encinas, chaparros y pinos; y en sus grandes dehesas hay pastos buenos y abundantes para la cría de ganado lanar, yeguar y de cerda; hay mucha caza mayor y menor, colmenares y buena cosecha de grana, y mediana de seda. El río Guadalbullón, que unos llaman de Jaén, y otros de La Plata, porque nace en Jabalcuz, y de la falda de la Pandera, cerca de Los Villares, es donde hay una mina de plata, sin embargo que en su nacimiento se llama "Ojos de Riofrío", pasa por la parte de Oriente una legua de distancia de esta ciudad a la que provee de pesca...».
Desde el siglo XVI al XX las actividades de sus habitantes se centraron en la agricultura y ganadería.
Durante los siglos XV al XVIII es cuando se construyeron la mayoría de los monumentos renacentistas existentes en la provincia, como lo prueban los existentes en las poblaciones de Úbeda, Baeza, Alcalá la Real, Huelma, Villacarrillo..., casi todos ellos se edificaron según los planos de un único arquitecto: Andrés de Vandelvira.
Cuando en el 1833 se hizo la división administrativa de Andalucía, la provincia de Jaén adquirió los límites actuales. Instalándose en la capital las delegaciones de todos los ministerios y organismos oficiales de la época. Desde entonces es una ciudad dedicada casi exclusivamente a los servicios y a unas pocas, muy pocas, industrias de transformación. Las dos o tres grandes industrias están ubicadas en otras poblaciones de la provincia (Linares, Santana-motor; Martos, Valeo), el resto se dedica casi en exclusiva al monocultivo del olivo, con el gravísimo riesgo que ello lleva aparejado, pues una quiebra en el cultivo o en el mercado del aceite, supondría el hundimiento de la economía de toda la provincia.
A partir de la última década del siglo XX los organismos provinciales (Diputación y ayuntamientos) se han lanzado a promocionar el turismo de la provincia bajo la marca: "JAÉN PARAÍSO INTERIOR". De este modo parece que, al incluir las tres poblaciones más representativas del Renacimiento en la provincia (Baeza, Jaén y Úbeda) en los circuitos de los operadores turísticos, la economía provincial puede diversificarse un poco y no depender en exclusiva del monocultivo olivarero.